En diferentes foros empresariales llevados a cabo en los últimos días, el Mercado dejó en claro que de Argentina esperan previsibilidad futura. Que, sin importar quién gane las próximas y futuras elecciones, no se cambien las reglas del juego, por aquello de una “hoja de ruta” histórica de incumplimientos (Marcelo Aguaysol en su columna del 07/10). Quienes conforman esa élite del 1% de la población mundial más rica, dueña del 60% de las riquezas y del destino de la humanidad toda, tienen la capacidad de apropiarse también de las palabras y crean sentido común en miles de millones de mentes desprevenidas, distraídas, cínicas o como prefieran llamarlas. Hoy pueden ser “el Mercado”; mañana, “el Campo”; a veces, nostálgicamente, vuelven a ser los abanderados del “Dios; Patria y Hogar” e, ineludiblemente y en forma vitalicia, son los “Gendarmes Planetarios”. El problema central no es que en Argentina se cambien las reglas de tanto en tanto. La realidad (única verdad) es que, tras la Batalla de Pavón el 17 de septiembre de 1861 (cuando Urquiza abandona una batalla que tenía ganada y le regala en bandeja el triunfo a Mitre) dio inicio la etapa conocida como de “Organización Nacional” (1862-1880), cuyas principales consecuencias fueron: hegemonía porteña; centralización del poder; fuerza nacional para reprimir los focos federalistas que quedaban en el interior y, lo más grave y duradero, el modelo económico semicolonial que regiría los destinos de la nueva nación unificada, definitivamente agroexportador, ajustado a los intereses del puerto de Buenos Aires y al capital británico. Es esa la hoja de ruta que el mutante imperialismo anglosajón y yanqui no quiere que se toque, porque allí están escritas a fuego y sangre criolla sus propias reglas de este perverso juego que tan bien conocen los movimientos y partidos de derecha de la región, consistente en tomar mucha deuda, que luego no se puede pagar y, a cambio, se entregan recursos y empresas estatales al capitalismo especulativo internacional. Lo hicieron los dictadores, Menem, De la Rúa, Macri y ahora Milei. Granos y carne, nada más (nos imponen que produzcamos). Compren nuestra manufactura; endéudense con nuestros bancos; dejen ingresar a nuestras fuerzas dentro de su propio territorio para garantizar la seguridad nacional, como escudo de la seguridad jurídica y celebren cada 4 de julio como propio, ya que es más importante que su 9 de Julio, lleno de locas ideas belgranianas. Pero, como dije al principio, de tanto en tanto aparecen esos incorregibles que recuperan la hoja de ruta trazada por Bolívar y San Martín (defendida, enriquecida y divulgada por Belgrano, Monteagudo, Dorrego y tantos otros) y el Gendarme Planetario es implacable, contando siempre con la predispuesta mano de obra interna. Lo sufrieron Yrigoyen, Perón, el cuerpo de Evita, los masacrados en el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955; Illia, la gloriosa generación de 1960/1970; nuestros 30.000 desaparecidos; Alfonsín, Néstor y Cristina, contra quien salió el fallo.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
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